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Artículos de Compañeros

XXXIV Promoción de la Academia General Militar267 Promoción de Artillería

“Sociedad, milicia, valores” Por José Luis Hernangómez de MateoEl pasado 16 de mayo mi promoción de la Academia General Militar se reuniópara celebrar los cuarenta años de nuestra jura de bandera. Una especie debodas de oro cuyo adelanto nos permite reunirnos a más titulares… Unainyección de orgullo y agradecimiento que reafirmó mi convicción de queaquella elección mía fue uno de los mayores aciertos de mi vida.No es una carta abierta a mis amigos y compañeros. Escribo estas líneaspensando sobre todo en una “audiencia” civil; quiero decir, en lectoresajenos a lo militar. Y digo ajenos en su sentido más amplio. Intentaré porunos minutos que el lector, incluso aquel que desconozca este mundo o quienpueda tener reticencias al uniforme militar, por cualquier razón, hagacompatible su posición personal con la idea que intento transmitir. Mipunto de partida es muy sencillo: quienes protagonizamos la llamada jura debandera, hoy día todos de forma voluntaria, nos comprometemos a proteger atodos los españoles; no solo a quienes piensan como nosotros, sinoabsolutamente a todos, incluidos aquellos que no comulgan con nuestra formade vida ni con nuestra misión (no un invento, sino una encomienda de lasociedad), o quienes hacen del antimilitarismo su bandera.Estas líneas no son un alegato sensiblero, victimista ni reivindicativo. Ymis disculpas si lo parece. Son el agradecimiento a mi familia, a misamigos y a la sociedad misma que me descubrió esta opción de vida y mepermitió abrazarla. Carrera de las armas que seguimos quienes tenemos comoúltimo deseo personal y colectivo, lo aseguro, no vernos obligados aemplearlas jamás.Cinco años juveniles en régimen internado, incluso con la mentalidad dehace cuarenta años, no es fácil. Cinco años de maduración acelerada. Cincoaños disciplinados, apresurados, exigentes. Cinco años estudiando entrepupitres y matorrales, dedicando nuestro empeño a trabajar tres músculos:el intelectual, el del sentimiento y el físico. Que cada cual los ordenecomo prefiera porque, al final, los tres son imprescindibles y deberánfuncionar inseparables tanto en paz como en guerra.Durante la celebración zaragozana, me reafirmé en mi convicción de que elposo que dejan esa *facultad de ciencias bélicas* y aquel modelo deformación es único. Ningún otro centro de formación profesional lo hace,porque sus objetivos son necesariamente bien distintos. Ningún otro centrode formación universitario hace que la disciplina, el compañerismo y elafán de hacer bien las cosas buenas se consolide como lo hizo con nosotrosla Academia General Militar. Creo que mientras perdure un régimen deinternado disciplinado, de camaradería máxima, de aire cuajado de valoresmorales, en el que todos compartan por igual momentos tan gratificantescomo extraordinariamente duros, nuestros oficiales se modelarán con elúnico afán de hacer bien el bien. Y de esa forma nuestros militares estaránbien preparados para hacer lo que cualquier ejército debe ser capaz dehacer: que todo funcione cuando nada funcione.El Decálogo del Cadete es todo un código deontológico, muy ilustrativo paraquienes deseen ver el modelado de la oficialidad. Pero antes y después deese código, la Academia General Militar, como reza su himno, ha sabidotemplar almas y forjar un vínculo fortísimo entre unos profesionales muybien preparados que, en algunos casos, han llegado hasta el heroísmo.Es necesario añadir la mayor racionalidad posible a nuestra vida, pero hayactuaciones solo posibles desde el corazón. La milicia es así, racionalpero enormemente emocional. No es frecuente encontrarse profesionales deotro ámbitos que, en su sano juicio -y aseguro que los militares no estamoslocos- juren estar dispuestos a jugarse su pellejo por proteger el de losdemás. Estoy convencido de que ese núcleo de profundo afán de servicio nose diluirá con las ansias necesarias y loables de modernización, y tambiénde que no se confundirán proyectos futurizos con desvirtuados. Creo que elsentido común de cualquiera le hará intuir lo improbable del éxito quesería pretender convertir en oficial en pocos meses a nadie, por muchatitulación ajena lograda previamente; obvio los supuestos que cualquierapuede establecer con otras profesiones y titulaciones, porque me parecenmuy evidentes.Me gustaría que unos y otros sepamos poner más en valor esta religión dehombres honrados, como escribió Calderón, tan necesaria en la paz como enla guerra. Y solo añado, querido lector que has aguantado hasta aquí, queeste aniversario me ha resultado enormemente emocionante y que llevo variosdías con la vista nublada…